En algo más de una semana me embutirán en un traje de pingüino, me convertirán en una persona con levita y chaqué, en un tipo sin la diginidad y personalidad que confierne un sombrero de copa y un bastón de punta blanca. Empieza siempre lo que termines, es lo que siempre me han dicho, y ya que quieren disfrazarme de persona distinguida, mejor que lo hagan como Lloyd y Harry me enseñaron en «Dos Tontos Muy Tontos», pero no encuentro trajes de colores ni complementos a juego. Siempre he querido llevar un traje con bordados en el cuello y puños para que me peguen por la calle, soy una víctima de las películas ochenteras de estudiantes de instituto salidos y aún me cuesta distinguir la realidad de la ficción.
Nunca renuncies a tus principios, que diría mi cuñado, pero es mi hermana la que se casa y si no renuncio a ellos durante un día me suelta una hostia que me mata. La he visto arrastrando la cara por el gotelé del pasillo para salir a mear a las seis de la mañana sin inmutarse y sin sangrar, sin duda es una tipa dura y me da miedo. Amenaza con hacerme leer durante el acto religioso, yo le respondo que si lo hace verá a un pingüino de ochenta kilos gimiendo mientras se aferra a la pierna del sacerdote, y es que siempre he tenido una duda, ¿van vestidos debajo de esos vaporosos atuendos de fantasía como un escocés con kilt? ¿Son las campanas de la iglesia lo que tañen a misa de ocho o son los sonidos tintineantes del bajo escroto del cura lo que invita a la oración? No lo sé, pero no quiero saberlo si tengo que frotarme contra la pierna de uno de ellos.
No me gustan las bodas, ni siquiera la de mi hermana, es más, si yo me casara tampoco me gustaría y acudiría en vaqueros con mi agujereada bolsa de Zara en la cabeza o con uno de esos antifaces del porno casero amateur mientras giro la cabeza y vomito bilis y escupo espumarajos. Porque las bodas, sí amigos, las bodas hacen llorar al Niño Jesús. Otro día hablaremos de quienes no han pisado una iglesia en su vida y se casan siguiendo una tradición de vestido blanco y mangas de jamón, pero eso es otra historia...
...Toda la culpa la tiene el Papa nuevo este, que es más provocador que la Cicciolina.
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