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Los amish de la informática

jueves, 09/11/2006

 

Jamás entenderé el miedo de la gente al progreso. ¿Por qué la población disfruta tanto e incluso se vanagloria de todos esos adelantos de la vida moderna, como el GPS, el Bluetooth o la Thermomix, pero experimenta un miedo cerval e iracional a lo que si duda se considera la revolución en las telecomunicaciones.

Hace unos días, esperaba en la cola de la tienda de informática del Corte Inglés junto a un señor tan risueño como orondo que abrazaba la caja de cartón de su nuevo laptop con la cara de un niño en navidad, algo que sólo un auténtico geek sabe manifestar en el momento de sostener algo con luces, cuando de repente un tipo irrumpió con su hijo adolescente preguntando si era necesario contratar dos accesos independientes con un proveedor de internet para poder disfrutar de la conexión en dos habitaciones. Hasta aquí podría parecer que efectivamente el tipo no sabía nada sobre routers u otros dispositivos de red inventados al efecto para este tipo de instalaciones, pero no, nada más lejos de la realidad, el tipo sabía que existían y para lo que se emplean... a medias.

No quería cables conectados a un router que atravesaran toda la casa y tampoco quería pagar otra conexión al proveedor, aunque para ello tuviera que cablearlo todo igualmente, y créanme que había planteado esa posibilidad a pesar de lo absurda que pudiera parecer. Todos sabemos que los encargados de ECI no dejan de ser unos tipos de chaqueta inmaculada con amplios conocimientos en la venta por catálogo. Si un producto aparece en el catálogo, genial, si no, olvídate de personalizar o preguntar más allá de lo que figura en el folleto. Por lo general comparten la misma experiencia en informática de consumo que yo como comprador de lencería fina, es decir, practicamente ninguna si descartamos el tanga verde fosforito que me tocó hace años en una de esas máquinas de una bola a un euro.

El caso es que el tipo no dejaba de gritar «¡No quiero que me roben!, ¡Que con la WIFI te roban internet, y además entran en tu ordenador!», mientras gesticulaba con las manos y su hijo retraído miraba al suelo cuando el vendedor trataba de explicarle la magnificencia de las redes inalámbricas y la inviolabilidad de su seguridad. No sé que me ocurre pero todos los adolescentes con ordenador que encuentro últimamente son jóvenes retraídos con gorros de lana y más bien parcos en palabras, que miran hacía abajo como en una de esas fotos en blanco y negro de gente 'cool' con mirada perdida que inundan internet, escribiendo en sus blogs sobre lo profundas y poco habituales que son sus vidas ¡ah, y sobre Kafka! Almas torturadas, espíritus inquietos, calzoncillos que se pierden en las profundidades del trasero... en el fondo todos tienen sus ordenadores llenos de mp3 y porno, así que son tan especiales como el resto de la humanidad, solo que estos escuchan hip-hop.

¿Y cual es la moraleja de esta historia? Es simple, ni las redes inalámbricas son invulnerables a pesar de la encriptación o el filtrado mac como defendía ese vendedor de El Corte Inglés tan seguro de si mismo, ni las cableadas son tan seguras si al otro extremo se encuentra un Pc con un sistema operativo cargado de spyware, troyanos y basura de «pulse - aceptar - para - instalar - algo - que - quiere - instalarse - pero - no - sé - qué - es - porque - no - quiero - leer - y - tengo - una - docena - de - hijos - y - es - que - confundo - la - bolsa - de - calamares - a - la - romana - por - la - de - preservativos - porque - no - me - apetece - leer - la - etiqueta - y - soy - vago - por - naturaleza», o una mala administración, es decir, el pan nuestro de cada día. Es decir, ni los vendedores saben qué están vendiendo, ni el cliente sabía lo que estaba comprando. Los únicos felices eran el señor que abrazaba su portátil, y el niño 'cool' que no se enteraba de nada porque en su mente todavía resonaba la última de El Chojin y su biblioteca de doce mil fotografías y videos de Jenna Jameson haciéndoselo con un mastín español, hirviendo en su subconsciente a la espera de un estallido de onanismo. ¡Qué cochinoto!

¿El resto? El resto son todos felices con su Bluetooth, su GPS y la Thermomix.

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