Llevo todo la noche comiendo pizza, bebiendo Pepsi y jugando al World of Warcraft. Sí, ese juego tan adictivo del que todo el mundo habla. Hoy me han regalado una invitación para probar el juego durante diez días junto con la copia que me dejó Omik antes de mi viaje al norte. Se puede decir que durante todo el día he estado jugando 'de prestado'. A mis queridos amigos que lo han hecho posible: gracias de parte de mi óptico-optometrista.
¿Que luego hay gente que muere de agotamiento frente a la pantalla? No lo dudo. He jugado de forma casi ininterrumpida durante doce horas sin darme cuenta. Sólo la jaqueca me ha sacado del éxtasis de fantasía y hechizos en el que sólo yo podría morir numerosas veces de forma consecutiva. En Command & Conquer: Generals nadie quería jugar conmigo tras ver las estadísticas, y es que resultaba humanamente imposible ser más malo, pero allí estaba con la cabeza bien alta y dispuesto a ser derrotado cuantas veces hubiesen sido necesarias hasta encontrar a un rival digno de mi destreza: un paralítico cerebral conectado al ratón del ordenador, supongo.
Pensándolo fríamente, debieron divertirse bastante conmigo mientras impasible fenecía una y otra vez bajo el fuego enemigo... y aliado. Normalmente encuentro la forma de autolesionarme en este tipo de juegos, con lo que el rival sólo tiene que sentarse a observar como la torpeza me autodestruye lentamente. Se me caen las granadas en Ghost Recon 2, y en CounterStrike adquirí una desafortunada habilidad para cortar la retirada a mis compañeros de unidad que encontraban un enorme culo obstruyendo la única vía de escape durante un tiroteo, algo que llenaba de gozo al equipo rival que no dudaba en vitorearme, haciéndome sentir increíblemente integrado aunque no fuese entre los miembros de mi propio equipo.
Alguno incluso pensaría de mí como el contrincante que se hace pasar por inepto para demostrar con posterioridad unas habilidades innatas para el juego, como ocurría en «Los Blancos No La Saben Meter» o en aquel célebre episodio de «El Príncipe de Bel Air» en el que Philip Banks, disfrazado de pardillo, termina merendándose al contrario en una partida de billar. En mi caso, a la tercera ronda queda descartada esa posiblidad y se descubre que finjir no es lo mío.
Alguien debería implementar la funcionalidad de saquear y violar el cadáver de mi personaje. Seguro que muchos jugadores sacarían un gran partido a mis derrotas.
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Hades
| 28/08/2005 (13:53)
Denoto un cierto resquemor que evacua en un pequeño trauma e? Te entiendo...yo solo he sabido jugar al unreal tournament decentemente... a los demas ni zorra. De echo, en el counter strike no duraba ni diez segundos...triste pero cierto.
Saludos !
The Havoc
| 28/08/2005 (16:13)
Pero resulta tremendamente divertido.
DragDrop
| 29/08/2005 (20:10)
joputa, que mentiroso...