Sublime, geek, técnicamente sobresaliente y terriblemente divertida. Así se ve la la producción más ambiciosa de animación “made in Spain” y así se lo estoy contando.
Porque para mí, ver algo que rezume ligeramente a producción nacional es el equivalente a esperar a que lo pongan un lunes a las ocho de la mañana en La 2 a la semana del estreno en las salas de cine. Porque es así. Porque de cincuenta películas españolas, sólo una se salva. A veces ni eso. Porque tenemos a una ministra de cultura que no quiere que tengamos banda ancha porque para recibir correos y alargar nuestros penes, no necesitamos tanta velocidad, y porque Almodóvar, con cada homo-filme, nos ha hecho odiar un poco más nuestro cine, y no sé por qué digo “nuestro” si lo de identificarse con el cine de aquí apenas se diferencia de querer parecerse al pijo de mentirijilla del barrio, al que no le llega para polos de marca y se pierde por los almacenes de ocasión buscando la camiseta que tenga el caballo más grande pegado a la altura de la tetilla.
Pero nada de eso ocurre en los noventa minutos que dura «Planet 51». Desde el primer minuto las escenas son tan vivas y detalladas que no envidiarían a cualquier película de Pixar. Poco después comienzan los guiños a otras películas de culto mientras duran las aventuras del Capitán Charles “Chuck” Baker, un engreído astronauta que aterriza en un planeta habitado por criaturas que viven en sus propios años cincuenta, y cuya presencia desarrollará una serie de acontecimientos que podrían resumirse en un “E.T.” a la inversa.
La historia toma conceptos y mezcla con divertida maestría escenas que nos hacen recordar continuamente películas como «Alien», «Regreso al Futuro (I y II)», «E.T.» o «Men in Black», y, joder, eso mooooooola, sobre todo si vas al cine esperando encontrar un bodrio infumable y terminas como saliendo por la puerta de una sala X: con una sonrisa en la cara, gesto de satisfacción y los calzoncillos mojados.
A must see, créanme, todo un acierto para estas navidades. Me quito el sombrero, entono un mea culpa y me bajo los pantalones para ser merecidamente sodomizado. Señores de Ilion, hagan los honores.
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Juan G
| 20/12/2009 (12:20)
Me apunto la sugenencia, a ver si esta semana tengo un rato para ir al cine.
El otro día me acordé de tí cuando estaba en un curso de manejo de ARCMAP porque el tipo que daba la clase magistral era un sectario de Apple y se puso a rajar de Microsoft. Le dije para mosquearlo: "Te tendrías que poner de rodillas ante Bill Gates para suplicarle perdón. Sino fuera por él estarías midiendo infraestructuras con una cuerda y un lápiz, que eres un sectario". Nunca había visto a nadie echando humo por las orejas hasta ese día