Qué maravillosas son las vacaciones

martes, 19/08/2008 (16:09)

 

Vacaciones, ociosidad, tocamiento de testículos a discreción, con alevosía y sin remordimientos. Dos semanas sin madrugar, sin autocompadecerme -¡Qué lastimica de vida!, ¡Qué cuesta más empinada!, ¡Qué ganas de matarlos a todos!...-, y con una sola preocupación: que la consola no se me caliente demasiado, que no me maten a Niko Bellic, y tratar de no superar la tasa de un kilo en la escala de la estimación de peso medio por día, a engordar en vacaciones. La inactividad extrema, pasa factura. Y pienso mantenerme inactivo, ¡oh, sí! ya lo verán. Cuando vean un trozo de carne de cerdo descansando sobre una bandeja de horno engrasada, quiero que piensen en mí, y me recuerden como ese entrañable personaje que un día se fundió con el sofá y del que los bomberos sólo pudieron rescatar un mando a distancia y un controlpad, y porque sobresalían de debajo de una teta peluda.

En esta época de crisis, en la que en agosto la ciudad está tan llena de vida como en junio de otros años, da gusto pasear por el centro y descubrir que hay vida más allá de las cuatros paredes, del aire estancado y ponzoñoso que jamás se renueva, y de la luz que se filtra a través de un patio interior de la oficina.

Las vacaciones son maravillosas y si te las pagan, son más maravillosas todavía. Voy a vestirme sólo con un tutú, y voy a bailar por el pasillo de mi casa, hasta que un vecino me dispare con un rifle. ¡Fuck yeah!

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Quiero un Starbucks

martes, 12/08/2008 (09:33)

 

Necesitamos un Starbucks por aquí, por favor. Tenemos Telepizza y McDonalds, que han demostrado mantenerse fuertes ante la crisis. Prueben a hacer cola en uno de estos establecimientos y verán a qué me refiero. Por qué no disfrutar del exquisito paladar de un combinado Starbucks de café con cosas que engordan. Si total, ya me estoy cepillando medio salario en una cafetería ponzoñosa, oscura y rodeado de kanis jugando a las tragaperras, mientras un camarero que se frota los pezones a través de una camiseta demasiado ajustada, hace replantearme cada día lo de pedirme un cortado, sin saber de qué es, de dónde la ha sacado, y si es leche siquiera lo que añade a mi café cada mañana por 1.20EUR cada vez, y unas tres veces al día.

Además, todo el mundo sabe que los informáticos sobrevivimos gracias a la cafeína, al porno y a las camisetas frikis de "Yo he jugado al Poogaboo!". Quiero tomarme un café frente a la pantalla de mi ordenador, relajada, tranquilamente. Sin quemarme la boca ni mirar el reloj cada dos minutos. No quiero hacer malabarismos con un vaso de cristal al rojo vivo si no puedo o no quiero bajar a la cafetería, porque tiendo a protegerme de accidentes y derramamientos separando el vaso de mi cuerpo y sacando el trasero hacia afuera mientras muevo los dedos para no quemarme, lo que me confiere un aspecto demasiado ridículo para cruzar la calle.

Los cafés para llevar, y con recipicientes dignos, debería ser obligatorios por ley. ¿Un Starbucks? Sí, necesitamos uno en el centro ya, con internet gratis, cafés cachondos que te llaman por tu nombre, y camareras cremosas, calientes y con moka.

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Calor húmedo != Caliente y húmedo

domingo, 10/08/2008 (23:56)

 

Hace calor, sí, pero en la ciudad el calor es seco. La humedad relativa es eso, relativa y se nutre poco más que del sudor de los gordos, la única fuente de agua que queda a estas alturas del cambio climático, además del agua de la piscina pública, pero ésta se llena de kinkis, canis y pelopinchos con scooter. He visto gargajos de chinos escupiendo por la calle, que albergaban más vida inteligente que la piscina pública un sábado por la tarde. Pero, como hasta ahora no he podido determinar la relación entre los subnormales en remojo, y el incremento de los casos de trisomía en el cromosoma que, en la gente normal, evita que se lleven colgadas cadenas más grandes que la propia cabeza de uno, dejaré el tema para más adelante.

Este fin de semana lo he pasado en la playa disfrutando de unas horas de calor como hacía años que no recordaba. Pero no calor seco como el que hace aquí y al que ya casi estoy acostumbrado. Hablo del calor pegajoso y húmedo del entorno costero que ni siquiera la cercanía del mar puede suavizar. Podía pegarme calcomanías sin chuparlas, rebozarme en la arena de la playa sin haberme remojado antes, o jugar a ser un kiko Mr. Corn saliendo desnudo de una bolsa de plástico.

Tal ha sido la cantidad de agua salada rezumando por cada glándula sudorípara de mi piel, que podrían haberme enroscado una bombilla al trasero y, sujetando una pila con la mano, esta se iluminaría como un árbol de navidad. La culpa la tienen esos guiris enrojecidos por el sol que evaporan el mar con el mero contacto de su piel. Además ¿Han observado los numerosos anglo-antros esparcidos por toda la Costa del Sol? No sólo los aparatos de aire acondicionado no parecen estar en su lista de preferencias, -*toc*, *toc*, estamos en Andalucía, Costa del Sol, 40ºC a la sombra... ¿es que estos ingleses no tienen alma? ¿El líquido refrigerante forma parte de su calendario de vacunas?-, además son garitos lúgubres, sucios y cutres en su mayoría, que dan "cosilla" pero en los que no falta nunca señores mayores de piel rosada y señoras con pamela, cepillándose una Guinness. Viene a ser como abandonar el país para hacer turismo en Londres y establecer el campamento base en un "Tapas & Paella" regentado por un empresario torrecampeño. ¡No hija nooo!

Después de todo creo que me ha alegrado volver a la ciudad y a los 25ºC de mi aire acondicionado.

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